Abajo con los príncipes y las princesas azules… ¡no existen!

¿Alguna vez os habéis planteado quién recogió todo el menaje y dejó bonito el castillo, el día después del banquete de las perdices? Yo sí, y he llegado a la conclusión de que fue la primera gran bronca entre la princesa y su príncipe azul. Por eso Disney deja el cuento ahí.

¡Pero cuánto daño han hecho estas pelis a las parejas (y a la gente en general)! ¡Y Hollywood más! Está claro que si los hermanos Grimm levantaran la cabeza (aparte del coscorrón), alucinarían con los cambios que han introducido en sus cuentos. Ellos buscaban enseñar a los niños a no confiar en los extraños, a no comer nada que no fuera seguro… vamos a tener cuidado en un entorno que no siempre era fácil para ellos y ¡Disney lo transformó en una fábrica de frustrados!

La idea del amor que nos han vendido (y hemos comprado)

Nos vendieron la idea de que el amor es para siempre, y así, cuando hemos dejado de sentir amor parejil por nuestra otra parte contratante, al dolor de asumir la situación, se ha unido el de estar haciendo algo mal, o el de tener algún malfuncionamiento en nuestra personalidad. Nos han hecho creer que somos defectuosos. Y eso no es verdad. Nos alejamos de familiares, de amigos, de trabajos, de lugares… porque hemos cambiado, o han cambiado (y eso está bien visto, a nadie le miran mal por mudarse… aunque sí por dónde se muda si es mucho mejor ¿verdad?) ¿Por qué no puede ser lo mismo con las parejas? ¿Puedo mudarme de casa porque mis necesidades han cambiado, pero no puedo cambiar de pareja cuando la que tengo ya no me aporta lo que necesito emocionalmente, o por haber madurado por caminos diferentes? No tiene sentido que pueda evolucionar como persona en todos los ámbitos de la vida, menos en el sentimental, y lo que tiene menos sentido es que me hagan sentir que hago algo mal por sentirlo o hacerlo.

También nos vendieron que de entre toda la población mundial ¡sólo una persona nos complementa a la perfección! Con lo que al final, cuando nuestra pareja nos ha decepcionado (cosa habitual entre personas que conviven diariamente), en vez de pensar que es algo normal que ya se arreglará (y ponernos a ello), nos han llevado a pensar que no es nuestro amor predestinado, porque si lo fuera… A partir de ese punto, o bien se ha mantenido la relación con desgana y decepción constante, o la hemos dejado para buscar esa pieza de fruta que solo vive en las leyendas, junto con el Rey Arturo, y los dragones. Es decir, no luchamos por ver si es un bache temporal o indefinido, y nos convertimos en insatisfechos para siempre: la naranja nunca es lo suficientemente naranja, o dulce, o grande, o pequeña… o con pepitas o sin ellas. Y así día tras día hasta que nos sentimos fracasados emocionales porque somos incapaces de encontrar nuestra media naranja, sin darnos cuenta de que estamos en un pajar lleno, lleno de agujas ¡vamos, que nos estamos pinchando!

Nos han dicho que solo podemos sentir atracción, amor, y pasión por una persona. Si no es así, no es amor verdadero… ¡Vaya chorrada! Es lo mismo que decir que solo podemos vestir de verde, porque si no dejaremos de ser nosotros. Pero al final la gente lo ha comprado, y como resultado sienten culpa cuando les atraen otras personas, una culpa grande, dolorosa y que les desgasta un montón. Les hace sentir embusteros, poco fiables y … de nuevo otra vez… defectuosos. ¡Pero vamos a ver! ¿Es que solo se come lasaña, se viste de verde, y se veranea en Benidorm? Pues claro que nos pueden atraer otras personas, pues claro que eso es sano y normal. Otra cosa es la creencia de cada uno, su forma de ser o mil factores más. Te puede encantar un traje y saber que no es para ti… pero eso no impide mirarlo y suspirar por él… y que nos encante. Y después ir a nuestro armario y pensar en lo maravillosos que son los trajes que tenemos allí.

Nos han vendido que el amor lo puede todo…¡pues no es verdad!. El amor tiene mucha fuerza, nos motiva un montón… pero no podemos vivir solo de él. Cada uno de nosotros es especial, ni aun siendo gemelos existen dos personas iguales. E interiormente somos complejos y ricos en matices. No podemos aplicar a todo la misma solución, porque es imposible que sirva siempre. Existen parejas que se quieren y mucho… pero son incompatibles, no funcionan juntos, o no se hacen felices por mucho amor que se tengan. Por esa razón, el amor más grande en esos casos es demostrarle al otro que le dejan marchar, para que encuentre otras oportunidades en su vida que le aporten lo que necesitan.

Nos han dicho que los celos son una demostración de amor, que su ausencia es señal de indiferencia y carencia de compromiso… cuánta estupidez y qué peligrosa. Los celos son un síntoma de baja autoestima, de inseguridad y pobre autoconcepto. Por otro lado, conllevan la idea (problemática a tope) de que el otro “te pertenece”, por tanto los celos cosifican a las personas, las despersonalizan y anulan. Tanto al que los sufre, como al destinatario de semejante regalo envenenado solo les puede crear dependencia, tristeza y frustración… ¿puede alguien argumentarme dónde se ve el amor en todo eso?

En época de saldo (porque comprar esto tiene lo suyo), nos vendieron que si el amor es verdadero, todos los deseos sexuales y ¡fantasías!, tienen que estar protagonizadas por nuestras parejas… ¡y nosotros en las de ellos! Toma ya. Es decir, si una persona fantasea con otras parejas, si mira a otro hombre o mujer con deseo… ¿no quiere de verdad? ¿No está comprometido con su pareja? ¿Es infiel? ¿Acaso el amor verdadero es una jaula de oro? Seguro que el que se inventó esto era un publicista que quería que despegara el despacho de abogado matrimonialista de su pareja. ¿Es que el amor debe coartar el sueño y las fantasías de las personas? Que sepáis que si os creéis esto queda prohibido soñar con otro coche para que el vuestro no se ofenda. Pues claro que está bien soñar y fantasear con otros… ¡es sano! Estaría bueno que al enamorarnos nos lobotomizaran.

Nos han dicho que el amor es para siempre (esto sí que sí es de un publicista), si es verdadero. Y que debemos sentirnos como los primeros días durante años y años. Que en el momento en que no estemos dopados con endorfinas (neurotrasmisor del amor), es que todo era falso.

Tenemos que sentir siempre las mariposas en el estómago, estar pensando en el otro todo el día, llamarle o escribirle constantemente… uffffff (como dijo Jack el Destripador… vamos por partes). El amor puede durar toda la vida, el cariño y el respeto por alguien que significa mucho para ti y con el que tienes un proyecto de vida, pero démosle el derecho a cambiar junto con nosotros, a crecer con nosotros. No podemos sentir los efectos de las endorfinas como en los tres primeros meses de relación… porque el cuerpo no lo soportaría y la cabeza tampoco. La función de las endorfinas es ayudar a establecer lazos en las parejas, que luego se fortifican gracias al amor que se profesan… pero sí,  las circunstancias o las personas cambian, … y es lícito estar seguro del amor que se siente hacia el otro, aunque no nos palpite el corazón a mil a verle, o nos den retortijones en el estómago.

Por estas razones amigos ¡devolved lo que le habéis comprado a Disney! Disfrutad de vuestras parejas sin tantos complejos y sin pasarlo mal.

Ana Saro Moncloa

Fotos: Pexels.com

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