Cómo evitar que el verano termine con tu relación de pareja

…Y el príncipe y la princesa no paraban de trabajar. Durante los días de lluvia soñaban con el verano, con poder estar juntos bajo el sol mirando al mar. Soñaban con dedicarse el uno al otro ese tiempo que ahora no tenían por culpa de las presiones del reino. Soñaban con disfrutar juntos, con disfrutar el uno del otro. Y los meses pasaron, y llegó el verano al castillo. Entre risas, llenaron las carretas con ropas, libros, ilusión y tiempo libre. Pusieron rumbo a las playas del reino… y a los 15 días decidieron separarse… no más perdices, no más vivir felices. Vamos a repartirnos el reino y cuanto antes, para perdernos de vista. 

¿Qué nos pasa en verano?

¿Qué nos frustra a la vuelta tanto como para decidir romper nuestra relación? Bueno, todos los que piensan separarse podrán responder a esta pregunta mejor que yo: es un intolerante, es una tirana, siempre lo que él diga, esta mujer no tiene espontaneidad, este imbécil improvisa todo y así salen las cosas… Ya que ellos saben mejor las razones de sus rupturas, he decidido hacer el post sobre cómo arreglar a esta situación. El verano está acabando, pero el otoño puede solucionar las cosas.

Vamos con unos cuantos consejos para que tu relación sobreviva al verano

  • Mi primer consejo es en realidad una reflexión para ti: si tú no te sientes bien contigo mismo/a, todo lo que te rodea te va a molestar. Cualquier comentario te va a doler, todo lo vas a interpretar bajo el prisma del ataque. Por lo tanto, analiza si lo que está pasando realmente es tan grave, o si lo que ocurre es que estás cansado/a, triste, o con baja autoestima. Piensa si te sentaría igual de mal ese comentario en labios de otra persona. Si tu respuesta es no, habla contigo mismo/a y asume que no te encuentras bien y comenta con tu pareja lo que te pasa. Pide su ayuda, no asumas que te la tiene que dar sin que la pidas. Que yo sepa, solo los XMEN tienen poderes extrasensoriales. Los demás tenemos que pedir para recibir.
  • Este consejo va  para la otra parte contratante. Si tu pareja tiene problemas, demuéstrale que estás a su lado. Es mucho más reconfortante escuchar “te apoyo, estoy contigo en esto”, que escuchar un “te quiero” automático. ¿Cuántas veces le has dicho a tu pareja que le apoyas en todo, qué estás ahí? ¿Cuántas veces lo has oído tú? Sentirse apoyado da seguridad en uno/a mismo/a, aporta autoestima, te hace sentir protegido/a e importante para el otro.

  • Asume que las parejas cambian con el tiempo, no se puede estar como los primeros días a perpetuidad. Si cambias y maduras como persona ¿por qué no va a hacer lo mismo tu relación? El quid de la cuestión es que maduréis al mismo ritmo, no cada uno por su lado. La vida os da nuevas experiencias, nuevos criterios, nuevas sensaciones… incorporarlas a la relación. El tiempo pasa para los dos, no te puedes quedar anclado/a en los 20 años porque ya no los tienes, ahora eres mejor, ahora sabes más. Puede que a vuestros cuerpos les sobren kilos, o puede que no, pero ahora sois más listos porque habéis vivido y luchado por lo que tenéis.  Incorporar esa sabiduría a vuestra relación. Es verdad que ya no te apetece maquillarte o afeitarte antes de que se despierte el otro, pero… ¿no es liberador que te quieran por lo que eres, y no por lo que simulas ser? Que la pareja se quiera, sabiendo lo bueno y lo malo del otro, es un regalo… es tranquilidad.
  • Tened vidas propias, no os absorbáis en la pareja. Cuida tu propia vida personal. El mayor error de una pareja es hacerlo todo juntos. Es agobiante y poco enriquecedor ¿qué le vas a contar al otro si no os habéis despegado? ¿qué le vas a aportar si no has aprendido nada por ti mismo/a? ¿Cómo te van a sorprender o vas a sorprender si no tienes secretos que compartir? Una relación son dos individualidades que deciden compartirse, no anularse. Manteniendo vuestra vida privada dentro de la relación vais a fortalecerla.

  • La vida tiene altibajos, asume que en vuestra relación también los habrá. Las crisis son normales, y bien gestionadas, son un regalo. Reforzad lo que siempre os ha ido bien, y aclarad los límites de cada uno. Sacad los trapos sucios, lavadlos y olvidadlos. Para eso sirven las crisis, son como las limpiezas de primavera de las casas, se tira lo que sobra y se conserva lo que vale. Cuando todo está limpio y aireado da gusto estar en casa ¿verdad? Y es más, te sientes orgulloso/a del trabajo bien hecho. Pero recordad que cuando decidís tirar algo, es para siempre, no para sacarlo a colación cada vez que os sentís mal. No reviváis el pasado, ya se fue.
  • Hablad mucho, y negociad más. Las soluciones extremistas nunca son buenas, por eso solo hay un blanco, un negro pero miles de grises. Aprovechad la paleta de colores porque os queréis y juntos sois mejores. Y cuando tengáis problemas, nada de estar todo el día dándole vueltas. Dad aire al problema, vivid vuestras vidas personales y encontraréis soluciones que no estén viciadas. Os dará otros puntos de vista.
  • Cada pareja es única. No pongáis en vuestra pareja actual, las intenciones o las acciones que tuvieron con vosotros otras parejas. La persona con la que estás no es la persona con la que estuviste, ni piensa igual ni siente igual. Que no pague por los errores que cometió otra persona.

¡Mucha suerte a todos!

Ana Saro Moncloa

Fotos: Pixabay.com; Película “Todo incluído”

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