Dicen que el alma, el espíritu, o la esencia de una persona, tiene un peso contrastado de 21 gramos. Es poco, para el hueco que dejan en nuestras vidas ¿verdad? Cuando perdemos a alguien, perdemos también un poco de lo que somos, de nuestra historia con esa persona, de quiénes fuimos cuando estábamos juntos.

Parece mentira que 21 gramos dejen una desolación tan grande, un agujero tan enorme… Pero es importante que trabajemos en rellenarlo, en crear en ese espacio nuevas historias, nuevas experiencias, y nuevos recuerdos… y eso amigos míos solo se puede hacer durante el periodo de duelo. En este periodo de tiempo, aprendemos y reconstruimos, nos liberamos de la pena y consolidamos el recuerdo alegre y sereno del que perdimos. Tradicionalmente se dice que este período es de un año… bueno, el tiempo es relativo, pero es cierto que más de 12 meses, puede dar lugar al duelo patológico, que no es otra cosa, que quedarse atrapado en la pena, inmóvil y doliente.

Todos habréis oído las distintas etapas: negación, ira, negociación, depresión y aceptación creadas por Kübler-Ross. Son ciertas, todas y cada una de ellas.

Negación: Al principio el cerebro no procesa el cambio tan brusco en su realidad, crees que es una broma, hasta te entra la risa. Luego empiezas a intentar demostrar que lo que te cuentan no es cierto: llamas a esa persona, te aseguras de los datos… no sé, cualquier cosa que le diga a nuestro cerebro que tenemos razón, que todo es una equivocación, que no ha pasado. Que nuestro familiar, amigo, compañero… va a entrar por la puerta riéndose de la broma, o asustado por tanto lío. Esto es la negación.

Ira: Después llega la ira, profunda, caliente, espesa. Es como una lava emocional que arrasa con todo. No lo entiendes, no lo quieres entender. Solo quieres que todo sea como antes. ¿Por qué esa persona, y no otro? ¿Por qué no se cuidó? ¿Por qué no lo vimos venir? Es una ira basada en la culpa. Estás enfadado con la persona que has perdido, pero también contigo mismo, con las circunstancias, con que el mundo siga como si el tuyo no se hubiera parado en seco. Estás enfadado porque los programas de la tele siguen, porque escuchas risas, porque sale el sol.

Negociación: Luego empiezas a negociar con la vida y con la muerte. ¿Y si… entonces…?, prometo que si… entonces yo…, si volvemos atrás en el tiempo, jamás dejaría de decir…, de hacer… Negocias por la incertidumbre, por la pena, por la inseguridad, por el vacío. Es la etapa en la que repasas una y otra vez lo que pasó, lo que no viste, lo que se te escapó. Es una etapa complicada porque por un lado corremos el riesgo de obsesionarnos, de dejarnos llevar por los remordimientos,  y por otro lado, quizás es en este momento, cuando la nueva realidad comienza a dar señales de quedarse.

Depresión: Ya ha pasado algún tiempo desde el fallecimiento, y se han vivido cosas en las que ya no ha participado la persona que nos dejó. La realidad da un paso más para quedarse, pero antes, la melancolía y la pena toman el poder. Necesitamos todo el apoyo y el consuelo que nos puedan dar. Es la época que nos tomamos para encontrarnos y asumir la pérdida en su totalidad. Es la preparación para la siguiente etapa: la aceptación.

Aceptación: En la etapa de la aceptación ya hemos encontrado cosas que son exclusivamente nuestras, emociones y experiencias que solo forman parte de quienes somos ahora. El recuerdo duele, pero no desgarra. Somos capaces de sonreír con recuerdos nuevos y antiguos. Nos hemos rehecho.

CLAVES PARA SUPERARLO

Para superar el duelo necesitamos tiempo. ¿A que parece una obviedad? Pues si al principio de todo no te tomas ese tiempo, ese tiempo se tomará solo en otro momento, y ahí se va a realentizar todo el proceso de duelo. Muchas personas intentan tapar los sentimientos y la ausencia, reincorporándose a la vida normal cuánto antes, y eso, por regla general, no suele salir bien. Cuando duele tienes que sentirlo, no puedes taparlo. En ese tiempo que las personas se deben tomar, es cuando se empieza a asimilar la nueva realidad.

Para superar el duelo se necesita hablar y mucho. De todo y de nada. De recuerdos y de reproches. Las cosas no se pueden quedar dentro, las emociones tampoco. Hablar con amigos es bueno, pero ir al psicólogo es fundamental. En terapia se va reconduciendo los sentimientos, se va dando forma a la vida sin la persona que se ha ido, se encuentran nuevos alicientes, y sobre todo se toma el control de uno mismo y de la propia vida.

Para superar el duelo necesitamos rutinas y propósitos. Una vez reincorporados a la vida normal, al trabajo, cuando desciende el número de visitas, de llamadas… necesitamos rutinas para que la soledad no se amplifique y para darnos propósitos y sensación de que estamos avanzando y logrando cosas. Al principio vivir sin horarios, sin objetivos está bien, pero llega un momento en que son imprescindibles. Horarios para trabajar, para actividades de ocio, para reunirnos con gente… son pequeños objetivos cumplidos que nos hacen sentirnos bien con nosotros mismos.

Y por último para superar el duelo necesitamos una red de apoyo social. Tanto familiares, como amigos, como nuevas personas que entren en nuestra vida. Necesitamos socializar, reencontrarnos con lo bonito de la vida y eso solo podemos hacerlo con otras personas.

 Dedicado a ti, amigo mío… hasta siempre

Las Psicóloguis

Ana Saro Moncloa

Reloj. https://belenllamas.files.wordpress.com/2015/03/bll1304.jpg

Barca. http://acidcow.com/pics/20100303/black_and_white_25.jpg

Globo. http://cursodefoto-madrid.com/wp-content/uploads/2016/02/foto-en-blanco-y-negro.jpg

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