CÓMO SER PAREJA Y AMANTES PARA SIEMPRE

CÓMO SER PAREJA Y AMANTES PARA SIEMPRE

SOMOS PAREJA PERO NO AMANTES

El sexo y el deseo son temas recurrentes en la terapia. Mis pacientes, en su terapia individual o de pareja, confiesan con pena y preocupación haber perdido la chispa sexual con sus parejas, o notan que es el otro el que ya no los busca y siempre tienen que ser ellos quienes inician el acercamiento. Otros hablan de rutinas, de “cumplir” para no tener problemas luego.  La mayoría me dice “quiero a mi pareja, es mi mejor amigo, pero la idea de tener sexo con él… me da pereza”, “mi mujer es el centro de mi vida, pero después de tantos años no me excita, he dejado de verla como una persona sexual”. Es decir, la queja principal es que se sienten pareja, pero no se sienten amantes.

El caso es que la mayoría de ellos se quieren, y comparten objetivos de vida. Si algo les pasa su primer instinto es contárselo a su pareja, disfrutan juntos, se apoyan incondicionalmente, entonces ¿por qué falla el deseo, el sexo, el ser amantes? Es como si la confianza, la intimidad y la seguridad mataran la chispa, ¿no creéis?

¿Es que dejamos de desear lo que ya tenemos, lo que ya conocemos? ¿Por qué muchas parejas olvidan ser amantes cuando nacen sus hijos? Esto es un poco contradictorio ¿verdad?, el sexo es para disfrutarlo. La sexualidad humana nos capacita para sentir y vivir las experiencias eróticas, responder a ellas, gozarlas a través del placer propio y del otro. Nos excitamos para reproducirnos, pero también para relacionarnos, para sentir afectividad, para dejar salir nuestro yo más puro, por sentir placer. El sexo mejora la salud, nos hace conectar, nos relaja… y cuando lo tenemos asegurado… dejamos de practicarlo. ¿Es diferente amar que desear? ¿por qué personas que se quieren muchísimo dejan de desearse?

LA CONTRADICCIÓN DEL AMOR: PAREJA VS AMANTES

La mayoría de las parejas trabajan mucho para lograr sentirse seguros en su relación, para eliminar la incertidumbre, los celos, la inseguridad… y para sentir que son cómplices en la vida, confidentes, una unidad para navegar a través de la vida que han decidido tener juntos. El problema es que el ser humano es complejo y especial. Le gusta la predictibilidad, pero también le atrae el misterio, lo desconocido, la incertidumbre, la aventura, la novedad, lo inesperado… y buscamos ambos conceptos en la misma persona: una pareja que me dé seguridad, pero que se comporte como mi amante. Por lo tanto, aunar la tranquilidad con tener una vida de pareja apasionada para siempre, puede llegar a ser una tarea bastante complicada, y eso sin meter otras variables en la ecuación: problemas en el trabajo, enfermedades, ansiedades, problemas económicos, familiares… pero sobre todo el decir “necesito saberlo todo de ti, pero quiero que me sorprendas” que traducido es quiero que seas mi pareja, pero necesito que también seas mi amante. TU tienes que hacerlo todo, porque lo espero todo de ti. QUIERO que cumplas ambos papeles.

¿LA SOLUCIÓN? SI, LA SOLUCIÓN PARA SER PAREJA Y AMANTES

IMAGINAR, FANTASEAR

El deseo termina cuando las personas dejan de imaginarse, de fantasear. El deseo, el erotismo nace en nuestras cabezas y cada uno de nosotros somos dueños y señores de lo que creamos en ellas. Y la imaginación es independiente de la realidad de nuestras vidas. La imaginación es fuego, es poder. En la imaginación no hay que ser correcto, seguro y predecible, simplemente hay que SER amantes. El sexo es algo que pertenece al mundo animal, pero la imaginación es exclusivamente humana. La frase tan trillada de que el mejor órgano sexual que tenemos es la imaginación es cierta. Imaginando podemos tener los mejores orgasmos de nuestra vida en solitario… y en pareja. Sin red de seguridad, sin temores y sin complejos.

INDEPENDENCIA

El deseo termina cuando dejamos de ser YO para ser NOSOTROS en todos los sentidos, y perdemos, o incluso nos culpabilizamos por no contarnos todo o hacerlo todo juntos. Ahogamos el deseo acortando todos los espacios personales. Podríamos decir que la pareja ahoga a los amantes que llevamos dentro. Cuando en la consulta preguntas ¿cuál fue la última vez que sentiste deseo por tu pareja? Las respuestas son muy similares: “cuando veo cómo es con otras personas”, “cuando hace algo que le encanta”, “cuando no me necesita y veo a una persona segura y fuerte”, “cuando la veo en una situación que hasta ahora no había compartido conmigo, porque sigue siendo esa persona con la que comparto la vida, pero al mismo tiempo es como verla de nuevo, como si me hubieran cambiado los cristales de las gafas”. Por lo tanto en parte el deseo se activa cuando nos sorprenden y para que nos sorprendan es necesario mantener cierta individualidad dentro de ser parte de una pareja. Es esa sensación de novedad dentro de algo que es terriblemente familiar, mío.

QUERER SIN EXPECTATIVAS

El deseo termina cuando me necesitan tanto que me tengo que dejar a un lado para poder cumplir las expectativas de lo que se espera de mi, y se activa cuando simplemente “queremos” y me puedo ocupar de desear y sentir con la persona que quiero. Este momento. ahora.

QUERER SIN COMPLEJOS

Lo que apaga el deseo es la ansiedad, el pensar de más, la seriedad, la baja autoestima, el no jugar porque ya no toca, o el no me toques porque no mi cuerpo ya no es perfecto. Lo que lo activa es el disfrutar del momento, de los olores, sonidos, los colores y el tacto. Hablar y expresar lo que se quiere. Dejar a un lado los “¿por qué?” y vivir a tope el “¡vamos allá!”. Cuando eres amante no  piensas, disfrutas.

HUMOR y RISAS

El deseo termina cuando dejamos de reírnos y nos olvidamos de jugar. El humor, la risa, las carcajadas imprevistas sorprenden y la sorpresa es agradable, es afrodisiaca, así como el humor. Dejar a un lado la intensidad de la vida, para disfrutar de lo que soy y de lo que somos juntos, sin tensiones, con diversión, espontaneidad, y juego. Dejando salir a nuestros veinteañeros interiores, esos a los que la seguridad les importaba un pimiento y se centraban en gozar del presente, del momento, hasta convertirlos en recuerdos que hoy en día, después de tantos años nos siguen alimentando. Porque el sexo es un espacio libre, es un espacio de juego espontáneo donde SER placer, con uno mismo y con otros. Una vez más, donde SER amante.

MISTERIO Y ESPONTANEIDAD

El deseo termina cuando ya sabemos qué va a pasar, cuándo y cómo. Es tan bonito un momento elaborado con cena y velas, como otro robado al día. Inesperado. Recordad el principio, un beso robado detrás de la puerta de la cocina, o esa salida al cine en la que os queríais sorprender con un roce o unas palabras al oído. Y seguro que en aquella época también os preocupaban cosas, pero en aquel cine, todo era sensación, todo era dos amantes juntos deseando sentir.

Por lo tanto, tenemos dos conceptos claros, por un lado, cuando somos pareja nos aportamos intimidad, responsabilidad, confianza, seguridad, confortabilidad… y eso solidifica a la pareja, la hace fuerte y comprometida en la relación que tienen. Y por otro lado está el deseo, el erotismo, el SER amante. Y es en esos momentos cuando lo que es bueno que esté entre vosotros sea el juego, la risa, el misterio, la espontaneidad, la falta de expectativas, la fantasía…

Si no os comportáis igual en el trabajo, en casa, con amigos, cuando estáis solos o acompañados. Si somos capaces de cambiar nuestros códigos, lenguajes, temas de conversación, apariencia… ¿por qué no lo hacemos también cuando somos pareja y cuando hay deseo? Dejar fuera de la habitación la responsabilidad, la seguridad enciende el erotismo ¿lo probaríais? Porque esta es la receta para ser pareja y ser amantes para siempre.

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Ana Saro

@blisspsicologia

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